México es un país pluricultural donde se hablan 56 lenguas. El español es la lengua dominante. Cabe también señalar que la mayoría de los mexicanos son producto del mestizaje, esto es, de la mezcla del español con el indígena.
Es en el artículo 4º Constitucional, primer párrafo, donde se reconoce la composición pluricultural de la nación mexicana, dando cabida a todos los pueblos indígenas, a su lengua, a sus usos y costumbres, así como a su cultura y formas de organización social.
Sin duda, muchas culturas indígenas de nuestro país tienen una identidad colectiva bien definida, pues sus tradiciones, códigos morales, sociales y creencias así lo demuestran, de donde se desprende que deberían gozar de un derecho de autonomía siempre y cuando no se contraponga a los derechos humanos y a las leyes vigentes mexicanas.
En la línea de esta idea, no es difícil convenir que todos los pueblos indígenas de México y otras latitudes deberían contar con la posibilidad de gozar ciertos derechos, normas y reglas que organicen su vida colectiva; y aunándose a este derecho de autonomía respetar y reconocer, porque lo merecen, sus manifestaciones culturales.
Las culturas indígenas tienen el derecho de cultivar sus usos y costumbres dentro de un marco de legalidad.
A muchos todavía les sigue causando espanto lo diferente (vestimenta, color de piel, costumbres y religiones, etc.) y sobrevaloran su cultura frente a otras, denigrándolas y humillando a quienes se supone no tienen la calidad de humanos ni una inteligencia superior. Indios, negros, mujeres, discapacitados, pobres y muchos pueblos con o sin población indígena, siguen siendo discriminados por prejuicio, mala fe o ignorancia de acuerdo con la suposición de que hay razas superiores e inferiores.
En el marco de una diversidad cultural, todos, independientemente de nuestras diferencias culturales, lenguas y costumbres, tenemos un territorio, un idioma, un gobierno federal, una constitución, que por cierto, deberá garantizar a todos sin excepción derechos iguales a pesar de ser diferentes. Pero tenemos algo más: una historia y un pasado cultural tan extraordinario como aquellas culturas milenarias (china, egipcia, etc.) que tanto admiramos. En este sentido, todos los pueblos, los individuos podemos ser diferentes, hablar diversas lenguas, tener distintas costumbres y tradiciones, pero todos formamos parte del mismo planeta, sin embargo, el lenguaje que nos acerca a todos es el de la dignidad. Libertad, igualdad y solidaridad no son, pues, conceptos vacíos, representan las exigencias mínimas que nos asisten en un mundo cargado de violencia.
La propuesta no es traer el reino de Dios a la tierra, más bien a participar en un esfuerzo compartido para la defensa y promoción de tales exigencias. Se los dejo de tarea.
