Por: L.C. Enrique
Francisco Contreras Aparicio.
En la
actualidad, la agresión escolar es uno de los fenómenos sociales que más se
vive e incide entre los estudiantes. Hoy, los docentes no pueden impartir sus
clases con tranquilidad dentro del aula, ya que cada día son más los alumnos
que presentan comportamientos violentos contra sus compañeros, ya sea, de forma
física, psicológica y social. Además este comportamiento inadecuado de los
alumnos, no sólo se ve reflejado en el aula, sino también en los horarios de
descanso y en cualquier espacio dentro de la escuela, incluso ocurre sin
respetar la presencia de profesores, prefectos y demás personal de la misma;
este tipo de comportamientos también se desarrollan a través del uso de las tecnologías
de la información y comunicación.
En una revisión más reciente de
la literatura internacional relativa al fenómeno del Bullying se afirma que, si bien coexisten diferentes
concepciones, hay acuerdo en considerar el fenómeno como una subcategoría de la
agresión. También existe consenso en reconocer que: "Una persona es
agredida por sus pares cuando está expuesta repetidamente, durante un tiempo, a
acciones negativas por parte de uno o más estudiantes" (Olweus, 1993)
"Se está agrediendo o maltratando a un estudiante cuando otro le dice
cosas repugnantes y ofensivas. También cuando se golpea a un estudiante, se le
da patadas, se le amenaza, se le encierra con llave en un cuarto, se le envían
cartas desagradables y cuando nadie le habla" (Smith y Sharp, citado en
Espelage & Swearer, 2003).
Este tipo de conductas quizá se
deban a una cierta “naturalización “del fenómeno al concebirlo como habitual
entre los jóvenes. Se puede considerar el fenómeno del bullying como una forma
grave y específica de conductas agresivas hacia individuos determinados.
Los padres de familia opinan que
la principal fuerza externa que influye en los comportamientos de los alumnos
es la situación actual de violencia en la que se vive, siguiendo en importancia
los medios de comunicación y los juegos de video.
Los maestros comentan que los
comportamientos agresivos que presentan los alumnos son el reflejo de lo que
ven y viven en casa, coincidiendo con los padres sobre la situación actual de
violencia que se vive y que también influye en el comportamiento de los alumnos
y agregaron otras influencias externas como el uso de la computadora y los
medios de comunicación, principalmente la televisión.
El acoso escolar o bullying es un
problema generalizado entre mujeres y hombres y de todas las clases sociales.
Los hombres ejercen su poder por medio de la violencia física y verbal,
mientras que las mujeres lo hacen por medio de la violencia psicológica como la
discriminación, los rumores mal intencionados, la exclusión social, chismes y la
descalificación. Los adolescentes lo ven como algo normal entre ellos e incluso
los padres de familia lo asimilan como algo natural de acuerdo a su edad, peor
no es hasta que se hacen un daño físico cuando se quejan y actúan, sin atender
el aspecto emocional y psicológico que les puede causar a sus hijos y que de
antemano se sabe son más perjudiciales para los adolescentes. Algo similar
sucede con los maestros por no darle la debida importancia a tales
comportamientos, y cuando lo hacen es porque ya existe un daño mayor reflejado
en los adolescentes, los cuales en algunos casos son explosivos, pues ya están
hartos de los abusos de los demás y descargan todos sus rencores y fuerza
contra el acosador y los golpean hasta que alguien se los quita e incluso han
llegado al hospital o bien optan por abandonar la escuela para librarse de su
sufrir diario y continuo dentro de la misma.
Generalmente los adolescentes que
juegan el rol de víctimas no reportan su situación a los maestros, ni a su
tutor ni a sus papás por miedo de represalias o burlas por parte de sus
compañeros, han permitido que los agresores sigan haciendo de las mismas.
Es obvio que los profesores son
la clave para el cambio. Si se puede sensibilizar a nuestros profesores sobre
los efectos perjudiciales de los comportamientos agresivos, las futuras
generaciones de niños y padres serán a su vez sensibilizadas. El niño de hoy es
el padre de mañana y con la adecuada formación todos podremos conseguir una
sociedad en la que el acoso escolar pase a ser una excepción.
De igual importancia es el
compromiso de los padres de familia para atender las situaciones de violencia
vividas en casa, ya que los jóvenes las reflejan en la escuela, así como
también deben conocer sus amistades, las actividades diarias que realizan, los
lugares que frecuentan, de igual manera es importante observar y tratar
cualquier cambio en la personalidad o proceder de sus hijos, pues posiblemente
estén viviendo en la escuela una situación de acoso, ya sea con el papel de
agresor o de víctima, lo cual una vez detectado debe atenderse oportunamente
para su apropiado tratamiento.
Es aquí donde radica la
importancia de que los padres de familia, maestros y autoridades educativas
tomen conciencia de los “estudiantes problemas” a encauzarlos por el camino
correcto en lugar de ser expulsados de la escuela y mandarlos a la calle en la
cual seguramente será un delincuente en potencia, la escuela soluciona su
problema en el ámbito escolar, pero a la vez crea uno mayor a la sociedad, en
la cual ella está inmersa. Siendo aquí el papel idóneo de la escuela buscar
estrategias en busca de aminorar el problema, y prestar atención a los alumnos
agresivos y a sus víctimas, así como también concientizar a los jóvenes que son
testigos para que no sigan participando como espectadores o admiradores de los
agresores así como también a los victimas de denunciar a sus acosadores, con el
fin de fomentar una cultura de respeto, de tolerancia, de participación y de no
agresión; una cultura donde las evaluaciones se realicen con base a los
aciertos y no en los errores, generando con ello, el desarrollo de las
potencialidades humanas elevando la autoestima de las personas que pertenecen a
la institución en busca de una convivencia armónica.
Nadie debe subestimar el miedo que
un adolescente acosado puede llegar a sentir. No hay que confundir estas
situaciones con los típicos altibajos que se presentan en las relaciones entre
los alumnos, especialmente a lo largo de la adolescencia y preadolescencia,
etapa que viven los alumnos de secundaria. Los conflictos y las malas
relaciones entre adolescentes, los problemas de comportamiento e indisciplina
son fenómenos perturbadores pero no son verdaderos problemas de violencia,
aunque pueden degenerar en ellos, si no se resuelven de una forma oportuna y
adecuada.
Tener la mente abierta, oídos
atentos y ojos muy abiertos, prevenir e intervenir, es una labor que como
adultos que no debemos evitar. No debemos olvidar que estos hechos de violencia
son gritos de ayuda para que los adultos intervengan. Por ello la escuela tiene
que ser el lugar en el que se enseñen y se practiquen, no solo los
conocimientos y las habilidades adquiridas, sino los valores y la forma de
comunicación no violenta, que contribuyan a una convivencia armónica, que sea
aquí donde los adolescentes desarrollen y aprendan a convivir en paz.

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