Por: L.C. Enrique
Francisco Contreras Aparicio.
Actualmente la juventud ha pasado
a un primer plano. Su poder e influencia es mucho mayor hoy que hace unos años.
Los jóvenes constituyen sin duda un sector sobresaliente dentro de la comunidad.
Asistimos a una "juvenilización" de la sociedad. Los jóvenes imponen
sus formas de hablar, modas, gustos, aficiones... en la sociedad.
Uno de los factores que explican la
actualidad en los jóvenes es su poder económico. Son los principales consumidores
de ciertos productos. Su poder económico se ha hecho más manifiesto porque
gastan el dinero en artículos muy llamativos, y su consumo tiende a
concentrarse en determinados sectores del mercado.
Sus demandas se han hecho
importantes dentro de la sociedad y sus actividades son difundidas por los
medios de comunicación de masas: la prensa, la radio y la T.V. tienden a crear
mitologías de la juventud. Divulgan la imagen del "joven típico" y
los que no se ajustan a ella empiezan a notar que es como si les faltase algo. Los
adultos pueden reaccionar ante esto con una mezcla de aturdimiento, desdén o
envidia.
Otro de los motivos de este auge
se debe a la aceleración del desarrollo psicofísico. Las niñas se hacen mujeres
antes, los chicos alcanzan la madurez física antes. Los problemas sexuales,
religiosos, políticos, sociales, familiares..., etc., aparecen también antes
que en eras históricas anteriores.
Los jóvenes se encuentran cada
vez más capacitados para adaptarse al mundo en que viven, hoy se lee más, se
estudia más que en los tiempos de nuestros padres. Resulta evidente el número
de jóvenes que frecuenta las escuelas, colegios, institutos, escuelas técnicas,
centros de artes y oficios, universidades... etc. Se crea un gran sentido
comunitario y una sensibilidad nueva para sentir la injusticia social. Los
jóvenes se hallan en condiciones más ventajosas que el hombre maduro o anciano
que tienen ya hechas sus vidas. El cambio rápido, el progreso y las novedades
son asimiladas más pronto por los jóvenes.
El mismo incremento de la
población juvenil acarrea problemas de falta de puestos de trabajo, falta de
espacio en escuelas y universidades y ello crea a veces problemas y actitudes
agresivas. Junto a ello, hay que destacar el importante papel que va teniendo
la mujer en la vida social y cultural. De ser solamente novia, esposa, ha
pasado a ser compañera, amiga y miembro del mismo equipo de trabajo o estudio.
En las escuelas, fábricas, oficinas, comercios, universidades... la mujer está
muchas veces luchando por equipararse al hombre, teniendo el mismo papel,
similares necesidades y las mismas metas que el hombre. Hay una mayor relación
entre chicos y chicas, y esto hace que esas relaciones se produzcan en un clima
de mayor naturalidad y exento de los prejuicios y tabúes de otras épocas. Todos
estos factores y muchos otros han de tenerse en cuenta para conocer y
comprenderlos. De ahí que solamente un enfoque pluridimensional sea válido para
un conocimiento más exacto de cómo son los jóvenes actuales.
Con toda su viva imaginación, su
capacidad creadora, su rapidez de reflejos, fácil memoria y su propensión al
entusiasmo viven en un mundo rígido, llevado por los mayores, a los cuales se
enfrentan. Acusan a los mayores de un excesivo amor por el dinero y el bienestar,
de una explotación de la gente, de deshonestidad en los negocios, corrupción en
la política y un acusado conservadurismo e hipocresía. Atacan el "buen
aparentar" ante la sociedad.
Rechazan la sociedad establecida
y dentro de ella, sus lacras y, en muchas ocasiones, también sus logros. Por
eso se marginan a veces, entendiendo de modo diametralmente opuesto a los
adultos las grandes cuestiones de la vida: amor, trabajo, religión. En esta
oposición son tan dogmáticos como los adultos en su seguridad instalada.
Los adultos, por su parte, acusan
a los jóvenes de irresponsabilidad e incongruencia, de su afán destructor sin
ofrecer un programa constructivo a cambio, de una visión del presente que
ignora el pasado y de un idealismo utópico que no conduce a nada práctico. Los
jóvenes, dicen los adultos, desafían las normas y la autoridad que las
mantiene, adoptan modos y atuendos excéntricos, no se ajustan a los patrones
convencionales de la convivencia entre los sexos, protestan demasiado en sus
canciones, violencias, manifestaciones... "En mis tiempos..." es su
frase favorita. En síntesis, los jóvenes se quejan de falta de libertad -la
opresión de la sociedad de consumo- y los adultos les acusan de falta de
responsabilidad.
Se trata, sin duda, de un
conflicto de valores muy complejo, inherente a la sociedad industrial
contemporánea. Muchos de los principios básicos del comportamiento humano,
indiscutidos durante siglos, han sido sustituidos por valores cambiantes que se
apoyan en argumentos de modernidad, ligados al desarrollo científico y técnico
y a los cambios sociales. De ellos se deriva un enfrentamiento entre estos
modos de actuar más propicios de los jóvenes y lo que ellos mismos
peyorativamente consideran tradiciones superadas. Estas conductas no pueden
entenderse como problemas meramente individuales sino que tienen su origen en
los conflictos de nuestra sociedad.
Muchas conductas
"marginales" deben entenderse como una respuesta peculiar del
individuo a la estructura social. Y así determinadas personas, como pueden ser
los jóvenes, son más vulnerables y pueden ser afectados por estos conflictos
sociales.

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