Por: L.C. Enrique
Francisco Contreras Aparicio.
Los jóvenes entre los 15 y 25
años constituyen un quinto de la población mundial. Si bien frecuentemente
participan en procesos informales, políticamente relevantes, tales como
activismo o compromiso cívico, no están formalmente representados en las
instituciones políticas nacionales como las cámaras de diputados o senadores y
muchos de ellos no participan en las elecciones. Esto puede tener impacto en la
calidad de la gobernabilidad democrática.
La inclusión de la juventud en la
política formal es importante, tal como lo han demostrado los levantamientos
populares de los Estados Árabes y los diversos movimientos de Ocupación. En
países en transición, nuevas ideas y nuevos liderazgos pueden ayudar a superar
prácticas autoritarias. Donde protestas encabezadas por la juventud han forzado
a renunciar al poder a regímenes autoritarios, es probable que surja una
frustración significativa si la juventud no resulta incluida en la toma de
decisiones formales. Esto puede desestabilizar el proceso de democratización y
acelerar una dinámica de conflicto.
La comunidad internacional ha
reconocido la importancia de que la juventud participe en los sistemas
políticos, inclusive a través de varias convenciones internacionales y resoluciones
de las Naciones Unidas. Un principio básico es que el apoyo a la participación
política de los jóvenes debe extenderse a lo largo del ciclo electoral. El
desarrollo de capacidades de candidatos jóvenes, por ejemplo, ha probado ser
más efectivo cuando hay un esfuerzo continuo en vez de un evento aislado tres
meses antes de una elección.
Los jóvenes que participan
activamente en sus comunidades desde el comienzo tienen más probabilidades de
convertirse en ciudadanos y votantes comprometidos. Otro principio central es
que la participación política de la juventud necesita ser significativa y
efectiva, e ir más allá de gestos simbólicos. El desarrollo de capacidades es
una medida integral, y si bien la construcción de capacidades individuales es
clave, también pueden incluirse como factores la capacidad de las
organizaciones y el grado en que el contexto permite a individuos e
instituciones participar en los procesos políticos.
También han mostrado ser
beneficiosas las intervenciones para jóvenes que son guiadas por los mismos
jóvenes tanto como sea posible. Éstas pueden alentar a la juventud a participar
en la gestión de proyectos, a colaborar con iniciativas encabezadas por jóvenes
y a facilitar la inclusión de la juventud en los procesos de consulta nacionales
y locales, inclusive a través de nuevas tecnologías. El seguimiento de un
abordaje basado en derechos implica considerar a los jóvenes como agentes
potenciales de cambio, como parte de la solución, no como un problema a ser
resuelto por otros. Más aún, los jóvenes no son un sector homogéneo y necesitan
tomarse en cuenta otros aspectos sociales (tales como género, residencia
rural/urbana, etnicidad, idioma, entre otros) al diseñar intervenciones. Para
enfatizar el mensaje de inclusión juvenil, las iniciativas
deben ser transparentes,
respetuosas y sujetas a rendición de cuentas. Para ser relevantes, pueden
vincularse a preocupaciones específicas de la juventud tales como desempleo,
medio ambiente o VIH y SIDA.
La capacidad de los ciudadanos de
hacer rendir cuentas a sus representantes elegidos es una característica
fundamental de toda sociedad democrática. La rendición de cuentas no puede
limitarse exclusivamente al día de los comicios. Antes y después, los
representantes elegidos deben responder a las demandas de los ciudadanos. Los
canales de comunicación y promoción deben estar abiertos para todos, inclusive
para la juventud. En algunos países, los miembros del congreso y los
funcionarios gubernamentales pueden no estar habituados a responder preguntas
de ciudadanos y medios de comunicación, pero podrían desarrollar la capacidad
de hacerlo. Esto ayuda a cimentar los valores de transparencia, rendición
pública de cuentas y capacidad de respuesta en la política cultural como así
también a fomentar una participación incluyente.
Las campañas publicitarias e
informativas sólo tienen como blanco actitudes y conocimientos individuales.
Hasta la mejor campaña dirigida a hacer que vote un número significativo de
jóvenes puede no alcanzar su meta final. Una estrategia exitosa debería también
abordar factores sociales, contextuales y sistémicos, entre otros a través de
actividades de compromiso cívico en general y de participación política de la
juventud. Para que los jóvenes voten en los comicios, un contexto habilitante
debe empoderarlos a participar en la vida cívica. Las sociedades deben respetar
y aceptar que los jóvenes son sujetos políticos con todas las letras, y no
principalmente objetos de campañas de movilización.
IDEA Internacional ha analizado
estadísticas de más de 1400 elecciones parlamentarias y presidenciales entre
1945 y 1997 en más de 170 países. De acuerdo a sus cálculos, “la participación
de votantes en comicios subió a ritmo constante entre 1945 y 1990, aumentando
del 61% en la década de 1940 al 68% en la década de 1980. Pero desde 1990 el
promedio ha disminuido al 64%”.57. La organización atribuye esta caída al
declive de la participación electoral de la juventud.
Por último, las alas juveniles
pueden extender su alcance a votantes jóvenes y hacer que los partidos les
parezcan más confiables. Para campañas electorales y de reclutamiento, las alas
juveniles sabrán qué tipo de lenguaje es más efectivo con sus pares y qué clase
de actividades son atractivas para la juventud. Los esfuerzos de los líderes
partidarios de mayor edad para apelar a la juventud no han alcanzado sus
objetivos.

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