lunes, 11 de agosto de 2014

JÓVENES POR JÓVENES.

Por: L.C. Enrique Francisco Contreras Aparicio.

Los jóvenes entre los 15 y 25 años constituyen un quinto de la población mundial. Si bien frecuentemente participan en procesos informales, políticamente relevantes, tales como activismo o compromiso cívico, no están formalmente representados en las instituciones políticas nacionales como las cámaras de diputados o senadores y muchos de ellos no participan en las elecciones. Esto puede tener impacto en la calidad de la gobernabilidad democrática.
La inclusión de la juventud en la política formal es importante, tal como lo han demostrado los levantamientos populares de los Estados Árabes y los diversos movimientos de Ocupación. En países en transición, nuevas ideas y nuevos liderazgos pueden ayudar a superar prácticas autoritarias. Donde protestas encabezadas por la juventud han forzado a renunciar al poder a regímenes autoritarios, es probable que surja una frustración significativa si la juventud no resulta incluida en la toma de decisiones formales. Esto puede desestabilizar el proceso de democratización y acelerar una dinámica de conflicto.
La comunidad internacional ha reconocido la importancia de que la juventud participe en los sistemas políticos, inclusive a través de varias convenciones internacionales y resoluciones de las Naciones Unidas. Un principio básico es que el apoyo a la participación política de los jóvenes debe extenderse a lo largo del ciclo electoral. El desarrollo de capacidades de candidatos jóvenes, por ejemplo, ha probado ser más efectivo cuando hay un esfuerzo continuo en vez de un evento aislado tres meses antes de una elección.
Los jóvenes que participan activamente en sus comunidades desde el comienzo tienen más probabilidades de convertirse en ciudadanos y votantes comprometidos. Otro principio central es que la participación política de la juventud necesita ser significativa y efectiva, e ir más allá de gestos simbólicos. El desarrollo de capacidades es una medida integral, y si bien la construcción de capacidades individuales es clave, también pueden incluirse como factores la capacidad de las organizaciones y el grado en que el contexto permite a individuos e instituciones participar en los procesos políticos.
También han mostrado ser beneficiosas las intervenciones para jóvenes que son guiadas por los mismos jóvenes tanto como sea posible. Éstas pueden alentar a la juventud a participar en la gestión de proyectos, a colaborar con iniciativas encabezadas por jóvenes y a facilitar la inclusión de la juventud en los procesos de consulta nacionales y locales, inclusive a través de nuevas tecnologías. El seguimiento de un abordaje basado en derechos implica considerar a los jóvenes como agentes potenciales de cambio, como parte de la solución, no como un problema a ser resuelto por otros. Más aún, los jóvenes no son un sector homogéneo y necesitan tomarse en cuenta otros aspectos sociales (tales como género, residencia rural/urbana, etnicidad, idioma, entre otros) al diseñar intervenciones. Para enfatizar el mensaje de inclusión juvenil, las iniciativas
deben ser transparentes, respetuosas y sujetas a rendición de cuentas. Para ser relevantes, pueden vincularse a preocupaciones específicas de la juventud tales como desempleo, medio ambiente o VIH y SIDA.
La capacidad de los ciudadanos de hacer rendir cuentas a sus representantes elegidos es una característica fundamental de toda sociedad democrática. La rendición de cuentas no puede limitarse exclusivamente al día de los comicios. Antes y después, los representantes elegidos deben responder a las demandas de los ciudadanos. Los canales de comunicación y promoción deben estar abiertos para todos, inclusive para la juventud. En algunos países, los miembros del congreso y los funcionarios gubernamentales pueden no estar habituados a responder preguntas de ciudadanos y medios de comunicación, pero podrían desarrollar la capacidad de hacerlo. Esto ayuda a cimentar los valores de transparencia, rendición pública de cuentas y capacidad de respuesta en la política cultural como así también a fomentar una participación incluyente.
Las campañas publicitarias e informativas sólo tienen como blanco actitudes y conocimientos individuales. Hasta la mejor campaña dirigida a hacer que vote un número significativo de jóvenes puede no alcanzar su meta final. Una estrategia exitosa debería también abordar factores sociales, contextuales y sistémicos, entre otros a través de actividades de compromiso cívico en general y de participación política de la juventud. Para que los jóvenes voten en los comicios, un contexto habilitante debe empoderarlos a participar en la vida cívica. Las sociedades deben respetar y aceptar que los jóvenes son sujetos políticos con todas las letras, y no principalmente objetos de campañas de movilización.
IDEA Internacional ha analizado estadísticas de más de 1400 elecciones parlamentarias y presidenciales entre 1945 y 1997 en más de 170 países. De acuerdo a sus cálculos, “la participación de votantes en comicios subió a ritmo constante entre 1945 y 1990, aumentando del 61% en la década de 1940 al 68% en la década de 1980. Pero desde 1990 el promedio ha disminuido al 64%”.57. La organización atribuye esta caída al declive de la participación electoral de la juventud.

Por último, las alas juveniles pueden extender su alcance a votantes jóvenes y hacer que los partidos les parezcan más confiables. Para campañas electorales y de reclutamiento, las alas juveniles sabrán qué tipo de lenguaje es más efectivo con sus pares y qué clase de actividades son atractivas para la juventud. Los esfuerzos de los líderes partidarios de mayor edad para apelar a la juventud no han alcanzado sus objetivos.

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