Por: L.C. Enrique
Francisco Contreras Aparicio.
Es frecuente encontrar personas
que piensan que la superdotación se define exclusivamente por una única
característica que sería la alta puntuación en el famoso Cociente Intelectual (CI).
Sin embargo, la superdotación es un perfil mucho más complejo que va a implicar
tres áreas de la persona: la inteligencia, la personalidad y la creatividad.
En la actualidad los centros
educativos presentan heterogeneidad de alumnado y muchos de ellos con
necesidades educativas especiales y cuando hablamos de estas siempre nos
centramos en aquellos alumnos con déficit por debajo de la media.
Existen alumnos que por el hecho
de poseer altas capacidades creemos que no necesitan ayuda, pero es todo lo contrario,
ya que es un colectivo minoritario pero que demanda atención, para poder tener
un desarrollo integral de la persona al mismo tiempo que de su potencial, por
lo cual es un alumnado con dificultades de aprendizaje.
Los estudiantes de altas
capacidades son aquellos que poseen un potencial inusual en una o en varias
áreas que conducen o pueden conducir a “productos sorprendentes”. Se debe dar una interacción de cinco grupos
básicos: capacidad intelectual por encima del promedio, niveles altos de capacidad
de imagen y creatividad, motivación intrínseca por el aprendizaje y, entre
otros aspectos, elevada capacidad de realización académica. Estos estudiantes requieren una atención
educativa especializada que facilite el óptimo desarrollo de sus potencialidades.
La identificación de estudiantes
de altas capacidades ha sido uno de los aspectos más controvertidos tanto a la
hora de su discernimiento como en la determinación de necesidades educativas a
fin de proporcionar adecuadas oportunidades de desarrollo y educación.
Cuando hablamos de intervención educativa en niños
superdotados, nos estamos refiriendo a
las diferentes estrategias educativas generales que existen a nivel
mundial y que coexisten en diferentes sistemas educativos. Es importante
observar el reconocimiento de las necesidades educativas de un colectivo de
alumnos que hasta ahora no habían sido suficientemente atendidos por el sistema
educativo; en efecto, las necesidades de los alumnos más capaces constituyen
otra manifestación de necesidades educativas especiales y, por tanto, dichos
alumnos son tributarios de las ayudas complementarias que puedan requerir a lo
largo de su proceso de escolarización.
Una vez admitida la existencia de
unos rasgos diferenciales de aprendizaje, por consiguiente un derecho a la
diversidad, y sus necesidades educativas especiales, se ha de tener en cuenta
que los niños superdotados tienen que disfrutar de unas experiencias apropiadas
en el proceso enseñanza-aprendizaje que permitan realizaciones acordes con sus
posibilidades. Es necesaria la existencia de unas experiencias curriculares en
las que, además de una diferenciación en profundidad y amplitud de cada una de
las áreas se potencie y fomente de igual forma la creatividad del niño. La
instrucción inductiva, individualizada, multicomponencial agiliza y favorece el
funcionamiento cognitivo de nivel superior.
Debido a su excepcional capacidad
para el aprendizaje y maduración en todas o en diferentes áreas de desarrollo
(motriz, lenguaje, social, etc.) es necesario realizar un programa
individualizado, ya que el aprendizaje en la escuela le puede resultar lento y
repetitivo causándole a veces frustración y aburrimiento, que puede llevar
implícito la disminución de la motivación escolar y a su vez un bajo rendimiento.
Una de las ideas clave sobre la enseñanza, es que esta debe de partir de ideas
y experiencia previa de los alumnos. De no tomar en consideración este punto de
partida, es probable que estemos ofertando a los alumnos actividades que no se
ajusten a su nivel de aprendizaje, bien
porque insista sobre algo que ya está dominado o adquirido, o bien porque son
propuestas muy alejadas de lo que el alumno es capaz de realizar incluso con
ayuda de otros. Ambas circunstancias pueden tener la misma consecuencia negativa
para los alumnos.
La problemática que se produce en
el superdotado a nivel escolar se basa en la adaptación a un medio que ha sido
diseñado para la gran mayoría y no para sus capacidades. De esta manera
aparecen dos tipos de problemas: por una parte, los que imanan del propio
sistema educativo, como los contenidos curriculares, la metodología pedagógica,
el ritmo de aprendizaje, etc., y por otra parte, los de índole social, que
incluirían las relaciones con sus iguales y con el maestro.
El currículo regular no presenta
una adecuación a las posibilidades de aprendizaje del niño superdotado, en el
sentido que suele ser menos extenso y dificultoso de lo que podría llegar a
superar repercutiendo negativamente en su motivación, es decir, debemos hablar
de complejidad o profundidad entendiendo una mayor cantidad de conocimientos y
una más elevada profundización en los temas, como respuesta a su curiosidad
intelectual.
El profesorado se encuentra en un
aula con diferentes situaciones, algunas de complicada solución aun con la
ayuda de otros profesionales como orientadores, psicólogos, etc,: la
masificación, la heterogeneidad; y en lo que hace referencia a la educación de
los alumnos superdotados, la falta de formación en cuestiones relativas a la
identificación, la motivación, los intereses, los problemas emocionales que a
veces pueden presentar y el nivel de conocimientos.
Las necesidades educativas que
plantea el niño superdotado no se dirigen especialmente a la búsqueda de una
persona que pueda responder a todas sus dudas, sino a alguien que pueda
guiarle. El profesor no tiene por qué ser un especialista en todas las áreas,
no debe basar su papel en una superioridad de conocimientos específicos, sino
en una mayor madurez socio-emocional y disposición ante los recursos
existentes.
¿Usted conoce a algún niño
superdotado? ¿Considera que se le está guiando de manera adecuada? ¿En realidad
el sistema educativo está respondiendo adecuadamente a este sector de la
sociedad?

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